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Los perdonados (2012) de Lawrence Osborne




Siempre resulta fascinante descubrir un nuevo autor, aunque no sea desconocido: Lawrence Osborne (1958) es un escritor inglés con una larga trayectoria de cierto prestigio.

"Los perdonados" me ha inquietado, me ha provocado reflexiones y dudas. Buen estilo narrativo y diálogos que pueden descolocarte.

La atmósfera snob de los ricos occidentales en el tórrido desierto marroquí en contraposición con los musulmanes que, desde la sombra de la servidumbre, observan y juzgan a esos infieles; dos mundos enfrentados en este microcosmos creado por Osborne que nos dejará huella más allá de acabar su lectura.








David y Jo son una pareja británica de mediana edad en plena crisis matrimonial, han caído en esa rutina que no satisface, en esos pequeños defectos que ya no se soportan. Arrastran también su fracaso profesional, un dermatólogo que ha sido demandado y una escritora de libros infantiles en dique seco. Con la idea de hacer algo diferente, aceptan la invitación de un conocido: una fiesta de fin de semana en una casba en el desierto de Marruecos. El lugar está regentado por una rica pareja homosexual que tiene puesta su ambición en rehabilitar el pueblo abandonado conforme a su exquisito gusto: un edén de extravagante lujo en el que se permite el desenfreno (alcohol, droga y sexo...), al que sólo pueden acudir sus invitados especiales. Lo cierto es que este matrimonio inglés no parece encajar en ese grupo de esnobs y su aventura no puede empezar peor: en su viaje nocturno por las perdidas carreteras del país se topan con una pareja de adolescentes marroquíes y atropellan a uno de ellos. Transportan al muerto hasta la casba y no tardará mucho tiempo en aparecer su padre para reclamar el cuerpo. La situación se va tensando y David, al final, se verá forzado a acompañar al clan tribal hasta su pueblo de origen. La fiesta en la casba continuará...



La tensión del relato aparece desde el principio, de forma sutil, y se va incrementando conforme avanza la novela con la gran incógnita final de la resolución del conflicto; sin grandes dramas, desde una cierta pasividad de los personajes, como si el calor y la aridez de estas tierras fueran, de por sí, la propia lenta fatalidad. Las discusiones del matrimonio, el accidente, la servidumbre que desde la sombras observa, la mirada que juzga pero consiente... ¿hasta cuando? Y el padre que desde el silencio y la autoridad reclama...

Antes de abordar alguno de los temas de esta novela, quería detenerme en esta atmósfera que nos va impregnando como polvo del desierto, esa tierra inhóspita que envuelve a los extranjeros, la deshumanización de sus relaciones y la soledad en grupo, junto a la amenaza de lo desconocido y la incomprensión entre culturas que chocan. Nos queda desasosiego, la tensión que no se resuelve, la derrota del ser humano.


La crítica del hombre occidental se materializa en el retrato de lo más decadente de la sociedad burguesa o rica cuya aspiración es el vacuo desenfreno, siempre ajena al mundo que los rodea: en primer lugar, buscan el contraste, lo diferente pero, en realidad, traen consigo sus costumbres, lo que en apariencia querían dejar atrás, sin contaminarse apenas con lo diferente (el menú es una metáfora de ello); en segundo lugar, no se interesan por nada del país (quizá de forma superficial) ni por las personas que encuentran, ni siquiera las miran.


El musulmán es retratado de forma ambivalente, crítica y, en ocasiones, podríamos considerar que sesgada. Aquí habría para un debate: dilucidar hasta qué punto el escritor es tramposo y manipula a su conveniencia el tema de los creyentes o es una elección de personajes concretos y no representativos.

Nos podríamos preguntar si el autor piensa que todos los musulmanes son tolerantes con los infieles mientras les hagan ganar dinero pero en todos subyace la idea de la yihad.


Todos los personajes de la novela son impuros, nadie escapa de sus propias culpas: David es un hombre cobarde, que siempre huye de los problemas, egoísta y su único gesto noble es porque se deja llevar. Su mujer Jo tampoco quiere tomar decisiones, abordar su propio matrimonio, su única rebeldía es tan pobre como ser infiel y acostarse con alguien a quien desprecia y por el que llega a sentir asco (patético). La pareja homosexual ha construido un mundo artificial en el que se permiten aventuras sexuales y desenfrenos de todo tipo, aunque desprecian a toda la gente que ellos mismos invitan, lo único que les importa es el exhibicionismo de su exquisitez. Hamid, el jefe de los sirvientes, el observador más directo de los occidentales, está lleno de envidia malsana. Driss es un pobre joven que lleva una dura vida, cuya aventura emigratoria ha sido un fracaso, pero que esconde la más atroz maldad. El padre de Driss no supo tomar las riendas de su hijo y ahora se erige como hombre dolido, autoritario y apegado a su tribu y a las tradiciones, con cierto aire de nobleza, la verdad como valor... pero cuya decisión no se corresponde a esos valores.


Es magnífica la disección de este matrimonio caduco, las reflexiones que se hacen uno del otro, esos diálogos en los que lo no dicho, lo intuido, es lo más importante. He subrayado muchos fragmentos.




"Los perdonados" ("The forgiven") es una novela rica en matices, personajes complejos e incompletos, inquietante, de escritura depurada y lectura hipnótica.



Editorial: Gatopardo Ediciones

Páginas: 316



Unas preguntas finales (hay destripe argumental):

El episodio en el que Driss relata a su amigo Ismael su aventura migratoria hacia París: al llegar a España es acogido por una encantadora pareja británica, le dan alojamiento a cambio de que les ayude en el jardín. Acabará por matar a la mujer para robar su dinero y poder alcanzar su sueño (no queda claro si se lo ha inventado) ¿Utiliza Osborne esta historia como recurso para añadir tensión sobre el posible desenlace fatal de David o para alejarnos de la idea de inocencia de Driss o para afirmar que no te puedes fiar de ningún musulmán porque todos son unos asesinos en potencia? El asesinato violento contrasta con la bonhomía de la mujer, el desequilibrio de la situación es aplastante y elegido.

En la página 214 hay una brutal mofa de los criados que deja claro el odio de los musulmanes hacia los infieles.

La novela pierde en estos desequilibrios.


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