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La voluntad de creer



Apasionante viaje teatral que ofrece al espectador inquieto muchas sensaciones, cuestiones y reflexiones, entre sonrisas, drama y humor. Aquellos que busquen estímulos, dejarse sorprender y salir conmocionados, son los que no deben perderse esta función.







Un hermano y tres hermanas, una familia rural vasca. El hermano cree ser Jesús (dicen que perdió la razón por leer a Kierkegaard), la hermana (que dice ser poeta y recita) atiende a su hermano y a su hermana inválida (mujer amargada que rehúye a la gente y detesta todo y a todos).

Vuelve a casa la otra hermana, la que abandonó el hogar huyendo de los problemas, ahora casada con una mujer que se encuentra embarazada; quiere que nazca aquí su hijo. El médico acude cuando se pone de parto y será el testigo de esta peculiar familia. Al final, ¿acontecerá el milagro?


Cuando el público entra a la sala del teatro los actores se mueven por el escenario, están ensayando alguna frase, preguntan al público su nombre, de dónde vienen... son los actores que, en un momento, se convertirán en sus personajes, aunque estos personajes también romperán la cuarta pared. Este juego forma parte de uno de los temas de la obra: la ficción y la realidad, la verosimilitud, la verdad del teatro o la voluntad de creer.


El texto poético de Messiez nos deja muchos diálogos filosóficos, reflexiones entre personajes contrapuestos que se plantean preguntas y nos dejan algunas convicciones personales, pero es el espectador el que tendrá que sacar sus propias conclusiones.

Hay en "La voluntad de creer" más humor que en otras de sus obras, humor negro, cínico, que puede brotar en las situaciones más trágicas (como en el velatorio) pero también el humor humano que emana de los personajes o sus actitudes (característico del autor).


"La voluntad de creer" es una obra intensa en la que se abordan muchos temas, algunos que ya son referentes en la dramaturgia de Pablo Messiez como la vida y la muerte, el tiempo, la maternidad, la verdad de lo contado, lo extraordinario en lo cotidiano, los límites de la realidad...

La atmósfera de esta obra puede recordar el mundo rural lorquiano (la madre dominante y el ambiente opresivo), el espíritu de "Todo el tiempo del mundo" y el humor entremezclado de lo grotesco (sea Berlanga o Valle-Inclán). Pero el estilo de Messiez es propio y avanza, en esta obra, hacia una mayor liberación de los límites y un mayor contenido filosófico en los diálogos.

El único inconveniente que he encontrado en esta obra es, precisamente, la voluntad de incluir muchos diálogos profundos y hay dos momentos en los que no fluyen con naturalidad; por ejemplo, cuando se acaban de conocer el hermano y la cuñada y, sin más, entran en profundidades del pensamiento. Así lo sentí.


Los actores, casi todos son habituales en las representaciones de Messiez, están maravillosos, son un equipo muy compenetrado. El gran trabajo de Carlota Gaviño con una extraña dicción (no natural) añade valor a su personaje y su actitud a lo largo de toda la obra (una idea genial). El iluminado José Juan Rodríguez consigue convencernos en su aparente inestabilidad mental y en su poder sugestivo. Rebeca Hernando, como la amargada hermana inválida, domina los límites del esperpento, carismática, con una sequedad muy apropiada. Mikele Urroz nos aporta la alegría y amargura de un personaje fuerte que se resquebraja. Perfecto Íñigo Rodríguez-Claro en un papel más breve que el resto... Y esa mirada de Marina Fantini (no digo más).


La escenografía, con un escenario vacío (suelo blanco, fondo negro del teatro) que va incorporando las paredes blancas de la casa, genera un dinamismo constructivo acorde con el tránsito de unos actores en bambalinas que van creando la historia, con el blanco y negro de la película de Dreyer (Ordet) como inspiradora. En el vestuario también predominio de blanco, negro y grises.

Todo en esta obra ha sido meditado minuciosamente e incorporado para enriquecer el relato escenificado.


Sin duda "La voluntad de creer" es una de las mejores obras que se ha podido ver desde hace mucho tiempo, compleja como la mayor parte de las obras de Pablo Messiez y no apta para los que quieran ver teatro convencional. Aquellos que busquen estímulos, dejarse sorprender y salir conmocionados, son los que no deben perderse esta función.



Texto: Pablo Messiez a partir de La palabra de Kaj Munk (que también inspiró Ordet de Dreyer).

Dirección: Pablo Messiez

Intérpretes: Marina Fantini, Carlota Gaviño, Rebeca Hernando, José Juan Rodríguez, Íñigo Rodríguez-Claro y Mikele Urroz

Escenografía: Max Glaenzel

Iluminación: Carlos Marquerie

Sonido: Iñaki Ruiz Maeso

Vestuario: Cecilia Molano

Ayudante de dirección: Javier L. Patiño

Entrenamiento corporal: Elena Córdoba

Temas musicales: Viene clareando (Atahualpa Yupanqui) en versión de Leda Valladares y María Elena Walsh; Vidala del último día (Raúl Galán y Rolando Valladares) en versión de Sílvia Pérez Cruz

Producción: Buxman Producciones y Teatro Español

Teatro: Español Del 7 de septiembre al 23 de octubre de 2022

Duración: 90 minutos










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